Vanessa Arroyo, Sol Bonangelino y Liliana Zermathen se conocieron en la Escuela de Arte La Llave. Son docentes que brindan distintos talleres. Vanessa da literatura y dibujo; Sol, fotografía en blanco-negro y Liliana, arte textil. Luego de muchos años de compartir el ámbito de las aulas, decidieron embarcarse en un proyecto colectivo: generar una serie de obras que bajo el nombre de Humedad, les permitiera experimentar con el uso de distintos materiales y técnicas. Pero más allá del juego mismo de la creación; su idea fue integrar cada pieza a través de un diálogo subyacente que mantenga la originalidad individual y la colectiva dentro del marco de una muestra. Hasta el 29 de agosto se puede visitar en la Sala Chonek del Museo de la Patagonia. Fotos: Soledad Anselmi

Liliana Zermathen hace 18 años que está a cargo del taller de arte textil. Ella se definió como una artista que pinta, realiza tapices, texturas con fieltro pero por sobretodo “hago cosas, investigo, experimento sobre materiales”. Las propuestas que presentó en la muestra remiten al movimiento del agua de mar, a través de la pintura sobre tela con sutiles texturas en sus intervenciones. Su ideal es expresarse con total libertad, “lo que surge; hay cosas que las tengo vistas antes y otras que van surgiendo en el hacer y trato de disfrutar sobretodo de eso. Y después, el que mira está bueno la devolución pero mi objetivo es fluir en el hacer. Las texturas hacen al diálogo con la muestra, son imágenes de mar, de agua, de movimiento de mar. La sensación, es más sutil, en algunos lo logré y otros no”, nos comentó Liliana sobre sus obras.
Vanesa Arroyo jugó con el reciclado de objetos en desuso, muchas de ellos encontrados en la calle y con el paso del tiempo marcado sobre sus estructuras. Usó materiales corroídos naturalmente a los que la artista les agregó su impronta creativa, otorgándoles un nuevo significado. Como plástica pero sobretodo como poeta cree en el poder de la metáfora, y es a través de sus creaciones que descubre ese deseo reprimido de los objetos de transformarse; “siento que me hablan y en un momento sé que esa pava se convertirá en algo más, en otra cosa. Es como que si alguien los tira, mueren y alguien más lo levanta y los resucita. Y vuelven en otro sentido, con otra función”, agregó Vanesa.
Sol Bonangelino tiene la especialidad de fotografías en blanco y negro. “Cuando terminé en Buenos Aires de estudiar apareció lo digital y muchos me preguntaban qué iba a hacer ya que me había especializado en algo que ya dejaba de existir”, confesó la artista pero aclaró que cuando se encontró con todo un laboratorio de fotografía instalado sin usar en la Escuela La Llave pensó “este lugar estaba esperando a que alguien aparezca” y esa persona fue ella. Su propuesta en la muestra fueron un par de series de fotografías, reveladas bajo el sistema analógico. Aclaró que el agua la deriva a lo femenino por los procesos que deben atravesar, cuestión que fue común en las tres expositoras. Para romper con la sobriedad de los matices de los grises, Sol enmarcó algunas de sus obras en objetos reciclados, obedeciendo al diálogo entre las obras planteado como un objetivo entre las expositoras. Así también utilizó marcos de llamativos colores que no dejaban dudas sobre los límites entre el espacio plano de la fotografía con el de las blancas paredes de la sala. “Lo experimental está siempre en las tres, uno está experimentando y buscándose a uno mismo, la mirada de los otros aparece posteriormente. Para mí hacer, es como un vómito en algún punto. Tengo que hacer eso y no sé si lo puedo pensar. Se me vienen imágenes y salgo a buscarlas sin saber qué pasará”, manifestó Bonangelino.
La propuesta fundamental fue, generar un espacio para el juego entre el artista y el espectador. Como manifestó Vanesa y que coincide con el pensamiento de sus colegas “lo hago por necesidad, porque no lo puedo dejar de hacerlo, porque en el fondo soy una niña y quiero seguir jugando. Cuando montábamos la muestra, me di cuenta que me moría y yo decía claro nunca pensé en el otro. Y ahora acá…¡ya está!…es lo que soy, acá es donde se completó la obra”, palabras que hicieron eco en las compañeras de muestra.
El día de la inauguración el viernes 3 de agosto, además de un vernissage, el músico Andrés Feltes, siguiendo con la consigna de la muestra, acompañó la velada con sonidos producidos por el frotamiento de copas y botellas conteniendo distintos niveles de agua.


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